¿Qué son las crisis de ausencia en niños?
Autor: Giovana Femat Roldán

Las crisis de ausencia, también conocidas como ausencias o crisis petit mal, son un tipo de epilepsia que afecta mayormente a los niños. Estas crisis se caracterizan por episodios breves en los que el niño parece desconectarse del entorno, como si estuviera soñando despierto. A menudo, estas crisis pasan desapercibidas o se confunden con falta de atención, lo que puede retrasar el diagnóstico y tratamiento adecuados. Es importante que los padres y educadores estén familiarizados con los síntomas y las formas de intervención para asegurar que los niños que experimentan crisis de ausencia reciban la atención médica necesaria.
Crisis de ausencia
Las crisis de ausencia son un tipo de crisis epiléptica que se presenta cuando hay una alteración de la actividad eléctrica neuronal de forma generalizada. Durante una crisis de ausencia, las conexiones neuronales se interrumpen temporalmente, lo que provoca un breve período de alteración de la consciencia. Aunque pueden parecer preocupantes, las crisis de ausencia en sí mismas no son dolorosas ni peligrosas para los niños, pero pueden tener un impacto en su desarrollo cognitivo y escolar si no se tratan de manera adecuada.
A diferencia de otros tipos de crisis epilépticas que incluyen convulsiones o pérdida de control motor, las crisis de ausencia son mucho más sutiles. Un niño que experimenta una crisis de ausencia puede detenerse en mitad de una actividad, fijar la vista en un punto distante y no responder a estímulos externos por un breve lapso, que generalmente dura entre 5 y 20 segundos. Después de la crisis, el niño retoma la actividad como si nada hubiera sucedido, sin recordar el episodio ni haberse dado cuenta de lo ocurrido.

¿Cómo se presentan las crisis de ausencia en niños?
Las crisis de ausencia suelen comenzar en la infancia, entre los 4 y los 14 años. A menudo, las crisis pueden ser difíciles de detectar, ya que no están acompañadas de convulsiones ni de signos físicos evidentes. Sin embargo, los padres, maestros u otros adultos cercanos al niño pueden notar algunas señales características:
- Mirada perdida: El niño parece desconectarse del entorno, con los ojos fijos en un punto distante.
- Ausencia de respuesta: Durante la crisis, el niño no responde a estímulos, como voces o toques, y puede parecer distraído.
- Parpadeo rápido: En algunos casos, el niño puede parpadear repetidamente durante el episodio.
- Movimientos automáticos: Algunos niños pueden hacer movimientos involuntarios, como frotarse las manos o hacer ligeros gestos con la boca.
- Interrupción de la actividad: El niño puede dejar de hablar o interrumpir cualquier actividad que esté realizando justo antes de que comience la crisis.
Estas crisis suelen ser breves, lo que las hace más difíciles de notar, especialmente en un entorno escolar donde los episodios pueden confundirse con falta de atención o distracción.
¿Cómo se diagnostican las crisis de ausencia?
El diagnóstico de las crisis de ausencia comienza con una evaluación clínica detallada del niño, idealmente por un neuropediatra. El especialista realizará un examen físico, un historial médico y una serie de pruebas para confirmar el diagnóstico.
La herramienta más importante para diagnosticar las crisis de ausencia es el electroencefalograma (EEG). El EEG es un estudio que registra la actividad eléctrica del cerebro a través de electrodos colocados en el cuero cabelludo. Durante el EEG, se pide al niño que realice actividades simples, como abrir y cerrar los ojos, respirar profundamente o exposición a una luz intermitente. Estas actividades pueden provocar una crisis, lo que permite registrar los patrones de ondas cerebrales anormales que son característicos de las crisis de ausencia.
El EEG de un niño con crisis de ausencia típicamente muestra un patrón de «puntas y ondas» a 3 Hz, lo que es indicativo de la actividad epiléptica en el cerebro por una crisis de ausencia. Una vez confirmado el diagnóstico, el médico puede discutir las opciones de tratamiento con los padres, que básicamente consta en tomar medicamento antiepiléptico para disminuir la frecuencia de las crisis tratando de eliminarlas en un 100%.
La mayoría de los niños que experimentan crisis de ausencia tienen un pronóstico favorable. En muchos casos, las crisis disminuyen o desaparecen completamente a medida que el niño crece, especialmente con un tratamiento adecuado. No obstante, es esencial un seguimiento médico continuo para ajustar el tratamiento según sea necesario y asegurarse de que el niño no esté experimentando ningún efecto secundario o complicación a largo plazo.
Las crisis de ausencia en niños pueden ser un desafío, tanto para los padres como para los educadores, debido a su presentación sutil. Sin embargo, con un diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado, los niños pueden vivir sin interrupciones significativas en su vida diaria. Estar atentos a los síntomas y buscar atención médica a tiempo es clave para garantizar un buen pronóstico.
